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Futbol en Uruguay

Asociación Uruguaya de Fútbol

La Asociación Uruguaya de Fútbol fue fundada el 30 de Marzo de 1900
Estadio: Centenario de Montevideo
Capacidad: 76,609 espectadores

Historia del Fútbol Uruguayo  
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Uruguay campeon mundial
 

El contacto del país con el fútbol no difiere en esencia, del de cualquier otro lugar del planeta en el marco de la difusión de este deporte sobre el desarrollo de la revolución industrial y el expansionismo económico británico. Años mas, años menos, al puerto de Montevideo, el fútbol llegó en las maletas de técnicos, profesionales, profesores, obreros calificados o no, con ejecutivos de redes bancarias, de las compañías de ferrocarriles, del gas, de la industria frigorífica, de usinas y tendidos eléctricos, de explotaciones mineras, agrícolas o ganaderas, directores de Colegios, etc. al igual que a todos los rincones del mundo a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

Visto este fenómeno desde el actual proceso globalizador que vivimos, no es para nada descabellado considerar que el concepto de “sport” y particularmente el fútbol se constituyó en un mismo concepto vital a escala mundial, recuperando primero fuera del puerto y luego integrándola a cada peculiaridad nacional o local la actividad física, a partir de este momento dignificada y a través de ella, recuperándose el ideal griego, incorporar conceptos éticos y morales a la competición deportiva, es decir un ideal de caballerosidad, respeto mutuo y fraternidad humana.

El primer partido de fútbol jugado en la banda oriental del río Uruguay, allá por 1881 en el ground de la Blanqueada tuvo por contrincantes al Montevideo Rowing y al Montevideo Cricket, dos “Clubs” ingleses, instituciones elitistas y cerradas, no dedicadas especialmente al fútbol, sino al sport, a la actividad física en contacto con la naturaleza y a recibir en distintas y variadas competencias deportivas a las tripulaciones de los barcos de Su Majestad surtos en el puerto. Desde el simple picnic, pasando por las carreras, el “Come on boys” de las cinchadas, las competiciones atléticas, todo lo que permitiera reunir al aire libre a la colonia inglesa, demostrando una especie de vuelta a la naturaleza sobre el impresionante desarrollo industrial, jerarquizando el “five o clock tea” como paradigma de identidad social y cultural. Estas recepciones de tripulaciones, generaba actividades que conmocionaban la quietud de aldea de la ciudad, la vida monótona y la rutina cotidiana, convirtiéndose en multicolor y ruidosa propaganda de la actividad deportiva, donde el ver, sabemos que es el preámbulo directo del participar. En este marco, el fútbol, que siempre mantuvo desde sus remotos orígenes un desenfadado carácter popular y masivo, contaba con asiduos y conspicuos practicantes entre la marinería inglesa, incrementado esto por el propio crecimiento del mismo en la rubia Albion, con la progresiva creación de clubes obreros y/o de entidades religiosas o regionales, cobrando cada vez mas importancia, definiéndose como la principal actividad deportiva, como espectáculo y como práctica.

El juego de los ingleses locos, multicolor, apasionante, irracionalmente jugado con los pies, exigía destreza, potencia, guapeza, habilidad y una suerte de malabarismo frente al contrincante, se constituía en un llamador, una atracción y un deseo para los curiosos y asombrados orientales.

Como rasgo distintivo, en este proceso fundacional del fútbol, en el Río de la Plata, recogiendo quizás rivalidades asentadas históricamente en el estuario desde la colonización española, o simplemente respondiendo a los lazos comerciales y/o sociales de las colectividades inglesas de ambas orillas, se llevan a cabo confrontaciones entre asociaciones deportivas primero y clubes después de Buenos Aires y Montevideo o de Rosario y Montevideo.

En la última década del mencionado siglo XIX, el fútbol comienza a aquerenciarse, a introducirse vertiginosamente en el entramado social uruguayo, en dos aspectos fundamentales: su práctica por cada vez mayores y amplios sectores de la juventud, de la población en general y con la aparición de los primeros clubes cuyo objetivo es la práctica específica del fútbol, comenzaron así a sentarse las bases para la creación de la “ League”, hoy Asociación Uruguaya de Fútbol con el inicio del siglo, el 30 de Marzo de 1900.

Uruguay y el fútbol constituye una simbiosis, si bien no única a nivel internacional, con unas características sumamente especiales, donde intervienen aspectos particulares de la propia idiosincrasia oriental, conformada por una aleación entre la recuperación de vestigios históricos regionales y la formación, cultura, costumbres, tradiciones y dolor del desarraigo de las distintas nacionalidades que confluyeron hacia toda América, ya sea “Al Uruguay, guay, guay yo me voy mama” buscando un nuevo El Dorado, o los que fueron forzados y desembarcados en la época del tráfico de esclavos. Paralelamente, junto con la llegada del fútbol, crece el proceso político y social de desarrollo del país, se afianza y profundiza la praxis democrática, se convierte en realidad una reforma educacional profunda e innovadora basada en una escuela pública laica, gratuita y obligatoria que coadyuva a la identidad cultural, a la participación activa como ciudadano, al sano orgullo nacional de los uruguayos todos.

Cómo no iban a responder a la magia, imprevisión, belleza, desafío, promesa o traición de la pelota sobre el verde césped, quienes descollaban como bailarines de tango en los peringundines de Montevideo, o en los bailes de “rompe y raja” de todos los rincones del Uruguay; como esa muchachada no iba a ser capaz, de dominarla, bajarla, acariciarla, dormirla en el empeine, pararla con el pecho, tocarla de cabeza, peinarla, llevársela de mondonguillo, tocándola, queriéndola, “amasándola”. Y mas, frente al rival, concientes de su habilidad, de su coraje y guapeza, asentada en tantas y tantas tenidas de esquina, o donde fuera, los que rendían culto a un coraje, hálito de esos charrúas masacrados en Salsipuedes y Yacare Cururú, al coraje cargado de morriña del inmigrante, solo frente a la incertidumbre de su destino en medio del desarraigo, el coraje presente en la necesaria picardía de quien tiene que subsistir “fuera del puerto” en los suburbios cada vez mas poblados de un Montevideo ajeno, al que se arriba cruzando el mar o de “tierra adentro”. Frente a ese rival que disputa la pelota, cómo no se iba a buscar la moña, el eludirlo “no se sabe con que pie”, buscando la jopeada, el caño, el esquive a la carrera, el amague desestabilizador. O colocarla con furia, o de cachetada en ese rincón, en ese ángulo donde el golero por mas que se estire no llega. Para buscar ese gol. Para ganar, para asentar una identidad individual, pero también la del club y la del propio país.

Si no como explicar, o por lo menos intentarlo, la constante y permanente en el tiempo pléyade de cracks celestes que primero asombraron al mundo, conquistaron los títulos mas importantes, hicieron conocer en el mundo a su país, “ese lugar tan chiquito que en el mapa ni se ve” y luego, arribaron para jugar al fútbol a prácticamente todos los rincones del orbe, cuando la población total del país, fue siempre menor que el número de jugadores de fútbol de muchos países, potencias en el concierto futbolístico mundial.

Y todos jugaban al fútbol. A toda hora, no importa cuantos contra cuantos. De día, en el campito, en el potrero, en la calle de adoquines haciendo pared con el cordón de la vereda. Con pelota de papel, forrada o no con media, con pelota de goma, o con lo que fuera o remotamente se pareciera a una pelota, esperando siempre la oportunidad de darle a “una de verdad”. Y también de noche, a la luz de la luna o bajo la luz del farol de la esquina.

Todos jugaban al fútbol, sin ningún tipo de exclusión, ya sea por posición social, nacionalidad, raza o credos religiosos. En un mismo cuadro podían estar “el indio”, “el negro”, “el japonés”, “el gringo”, “el turco”, “el ruso”, “el yoni”, “el tano”, “el chino”, “el vasco” o “el gallego”. Independiente de todo credo religioso, el día por antonomasia del fútbol uruguayo siempre fue el domingo.
Esta realidad social se hace incontenible cuando se forman los clubes. Mas allá de cual sea su devenir, el fútbol como realidad es hoy lo que es por los clubes. A la magia del juego, le suman la pasión, el sentido de pertenencia, la identidad y total compromiso con una camiseta, una enseña, unos colores, estandarte de un barrio, de una generación, de un grupo de amigos, amalgamado en la esperanza y confianza de la juventud, de una muchachada que arrastra en su empresa inverosímil a familiares, amigos, compañeros. Una fábrica, un boliche, un almacén, el buzón de la esquina, un colegio, una escuela o la Universidad, son solo unos de los tantos lugares que gestaron el embrión de lo que hoy son entidades sociales que aglutinan a miles de uruguayos que sienten, sufren, palpitan, llegan al paroxismo del júbilo o a la amargura mas profunda según el desempeño de su club. Júbilo o desazón, pero siempre la identificación y el compromiso. Como lo sintetiza la sabiduría popular, un club, “es un sentimiento”.

Aquí otro rasgo definitorio de la especial simbiosis entre Uruguay y el fútbol. Como acompasando al primero, el segundo, a través de sus clubes y de las distintas formas de organización de la “League”, Liga o Asociación Uruguaya de Fútbol, se hace cada vez mas participativo, democrático y popular. Junto con el “acriollamiento” que va desde la apriorísticamente decidida integración autóctona, a paulatinas incorporaciones del elemento criollo o a escisiones de clubes históricos, irrumpen en el ámbito de los “sportmen” nacionales o extranjeros, clubes de neta definición popular, ya bien de canillitas, de barrios, de sectores populares, que paulatinamente van pese a las trabas y/o impedimentos elitistas logrando su lugar en las competiciones fundamentales, democratizando “a paso de campeón” toda la estructura del fútbol, ya podemos decir, propiamente oriental.

En los albores del 900, en contrapunto con las lonjas de los morenos, las serenatas, o los ecos de los bailongos, resonaban en el atardecer montevideano, rebotando en las olas mansas de la bahía, allá por la Punta de las Carretas, en los añejos plátanos del Prado, o por la cuchilla de Belvedere, los cánticos triunfales de las barras futboleras, que a marcha de victorias buscaban su lugar y protagonismo en el ámbito ciudadano.

Parafraseando a Rabelais, como homenaje a todos los que al unísono corearon, estremecidos de emoción con la alegría de la victoria, estas estrofas, van sus nombres, para recuperarlos en la magia de la evocación:

Albion, Central, Montevideo, Uruguay, Deustcher, Defensa, Titán, Internacional, Wanderers, Triunfo, River Plate, Dublin, French, Bristol, Universal, Intrépido, Reformers, Teutonia, Belgrano, Charley, Libertad, y por supuesto, los que ya nacieron rivales, los que desde el primer partido ya disputaban un clásico: Nacional y Peñarol, Peñarol y Nacional.

Es tal el enraizamiento del fútbol en el ser social uruguayo, que brotan los clubes de fútbol a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, volcándose e integrándose en ello la praxis política, gremial e institucional de la actividad ciudadana. Políticos, profesionales, ediles, miembros de juntas vecinales, activistas de sindicatos y/o organizaciones barriales, sociales o filantrópicas, fundaban o se integraban natural y directamente al quehacer de los clubes de fútbol, eran al unísono y/o sucesivamente, jugadores, linesman, cancheros, delegados, dirigentes y dirigidos. Volcando íntegramente su experiencia política, sindical o social en la vida interna del club, donde ser dirigente significaba una representatividad y un honor muy especial, liderar un grupo activo, con un fuerte vínculo de unión entre sí, totalmente identificado en la común pasión. Si bien, en muchos casos, mas que por identificación y pasión se buscaba obtener renombre, prestigio y crédito político, lo cierto es que dotaron de una vitalidad, de un estilo de acción pasionalmente democrático, abierto y participativo a todos los clubes, reforzando socialmente la identidad y orgullo de pertenencia al mismo. En una proliferación única en el mundo, en cada barrio, cada pueblo o ciudad, mas de un club se disputaba el favor de la población, siendo una constante de desarrollo de fútbol oriental la escisión. Ante una situación que predeterminaban como “insostenible” los disidentes iniciaban de inmediato el proceso fundacional de otro club, para recuperar la esencia, el espíritu y los objetivos irrenunciables de “su” club, desvirtuados por la realidad impuesta por los directivos del momento.

Retomemos la magia de los nombres, para que se presenten ahora, los que surgieron como una llamarada, que permaneció o que floreció en su fugacidad, los otros que campeonato a campeonato demuestran su renovada existencia, los que latieron con los botijas del barrio, cada domingo, que ya desaparecidos mantienen la magia de la ilusión: “una perrita que andaba abandonada pasó a ser la mascota del cuadro que ganó”. Esos nombres firmemente decididos como un eterno desafío, o elegidos por azar, sugeridos por la evocación, o que hacen referencia a una fábrica, a una calle, a un barrio, a un ideal, para afianzarse en la entrega y cariño de sus renovados integrantes; evocados sin ningún orden de preferencia o calificación, sólo al azar de la memoria:
Canyengue, Rampla Juniors, Artigas, Liverpool, Rentistas, Platense, Cerro, Alto Perú, Danubio, Defensor, Plaza Colonia, Miramar, Cerro, Progreso, Sacachispas, Salus, Paso de la Arena, Bella Vista, Solferino, Expreso, Sud América, Olimpia, Cerrito, Iriarte, Porvenir, Fénix, Capurro, Belgrano, La Flor del Barrio, Wilson, Maroñas, Olivol, Montevideo-Olimpia, Villa Española, Oriental, Mar de Fondo, Misiones, Calaguada, Torino, Colón, Lito, Wanderers, Yi, El Tanque, Fantasma, Basañez, Fraternidad, Huracán Buceo, Boston River, La Luz, Racing, Uruguay Montevideo, Ipiranga, Libertad, Rocha, Misterio, Atenas, Independencia, Rosarino Central, Lavalleja y mas.

Resumiendo: en el inicio de la historia del fútbol en la República Oriental del Uruguay, tenemos, jugadores, dirigentes y clubes, los que fueron forjando día a día, partido a partido una realidad nacional, nos resta una realidad humana que evade lo particular y nacional, para ser esencialmente internacional: “el hincha”.

Los habitantes de la Banda Oriental, debemos tener como ancestros a los mismos nómades gregarios, recolectores, carroñeros y depredadores que el resto del género humano, máxime teniendo en cuenta el enorme aporte inmigratorio al ser nacional. Como primates, levantamos los brazos para exteriorizar nuestro júbilo o alegría, con o sin golpes en el pecho; somos capaces independiente de nuestra edad o jerarquía social, de afirmarnos con alma y vida, ya sea de zurda o de derecha, a cuanto elemento mas o menos redondo o esférico se cruza en nuestro camino y con nuestros pensamientos. Lo que si somos por antonomasia y definición hinchas de un club de fútbol. De ese club que nos representa e identifica, del que somos absolutamente partícipes, esencial y naturalmente, no sabemos desde cuando ni como, pero que resume en sus triunfos y sus derrotas nuestras mayores alegrías o desazones. Con el cual nos identificamos, en un compromiso vital, íntegro, personal e intransferible, y esto sin descontar el inevitable proselitismo zonal, barrial, familiar lleno de adhesiones permanentes con imprevistas traiciones militantes.

Hincha, una pasión, una definición, una realidad hoy, que como todo elemento mitológico tuvo una realidad humana: el “Gordo” Reyes. En uruguayo “Gordo” es un hombre –genéricamente hablando- bonachón, histriónicamente humano, jovial, intrínsecamente social y pacífico. El Gordo Reyes, talabartero de profesión era partidario a muerte del Club Nacional de Fútbol, infaltable en cualquier compromiso de su cuadro, era el encargado de mantener y reparar las pelotas Nº 5 “Made in England” con las que se presentaban al campo los albos. Orgulloso de su capacidad profesional y de su activa participación en la causa tricolor, llegaba al Parque Central, inflaba ostensiblemente las pelotas confiadas a su custodia, y desde el pitido inicial y a lo largo del partido se dedicaba a alentar constantemente a su cuadro y su grito “Nacional, Nacional” era una nota constante en el devenir del encuentro. Tan insistente era su aliento que allegados y visitantes se preguntaban ¿ese quien es? La respuesta unánime, con su picaresca incluida, de unos y otros “ese es el hincha pelotas de Nacional” derivó en la denominación y en la identificación del partidario de un club, que exterioriza por todos los medios su indeclinable vínculo pasional, su compromiso e identificación vital y total.

La historia del fútbol uruguayo es la historia de una pasión de multitudes. Desde su inicio, concitó una enorme atracción popular, multitudinaria y pasional, de hombres, niños y mujeres, que exteriorizó siempre su compromiso con el cuadro, alentando ruidosamente a sus ídolos, exteriorizando, constante y permanentemente antes durante y después del partido su aliento y compromiso. El partido se jugaba en la cancha y a lo largo y ancho de cada una de sus bandas. En el barrio, en la fábrica, en las aulas, en las tribunas si las había, o sino desde el lugar en que se podía, ya sea un cajón, un árbol, el techo de la cachila, en los carros. Donde fuera. El tema era participar y “jugar” con su equipo. .”Nacional, Nacional”, “Dublín, Dublín”, “Cerro, Cerro”, “River, River”, . . . . ., el genérico “vamo’ arriba: –“los gauchos” (Progreso), “los bichos colorados” (Rentistas), “los tuertos o la viola” (Defensor Sporting), “la cuchilla” (Liverpool), “la franja o la Curva” (Danubio), “los papales” (Bella Vista), “los picapiedras” (Rampla Juniors), “los bohemios” (Wanderers), . . . . . , “el Fénix no baja”, “Peñarol viejo y peludo no más”, . . . . ., o el repique de los tamboriles de los “Esclavos de Nyanza” los negros lubolos que le prestaron sus colores al viejo y querido “Central que no ni no”, el cuadro que nació a la sombra quieta de los cipreses del Cementerio Central de Montevideo. Gritos de desafío, de lucha y de entrega, palpitaron en los cuatro costados de las canchas con el rodar de la pelota y la esperanza del triunfo. “A la carga Reformers” gritaba “la hinchada”, “forza Arturo que la victoria e nostra” alentaba la madre del jugador albo Arturo Rovegno, “apile gente negro”, exhortaban los “manyas” peñarolenses a Gradín y una u once voluntades buscaban al unísono el arco contrario para obtener ese empate o ese triunfo del último minuto. Porque esa característica definitoria del fútbol celeste de mantener la lucha hasta el último segundo, - “Uruguay pa’ todo el mundo, no ma”- logrando muchas veces cambiar el resultado del encuentro a la finalización del partido, hablan, de la entereza y espíritu del jugador oriental, pero también de ese constante aliento e identificación de los partidarios con su cuadro y con sus ídolos, en una estrecha relación polarizada entre la idolatría y el condicionamiento, en toda la dimensión violentamente humana, que va del aplauso al abucheo, pero que siempre es un impulso, un apoyo y un aliento, siempre presente en la brega, -el jugador Nº 12-, que se hace sentir en cada instante y a toda hora, superando incluso a la distancia, cuando se actúa fuera de fronteras.

Una vez más cobra mayor relieve lo expuesto, si tenemos en cuenta la densidad demográfica del Uruguay en comparación con otros países, lo que permite visualizar los altos índices de participación ciudadana en todos sus sectores o franjas, en los espectáculos futbolísticos, demostrativo del carácter vanguardista de la sociedad uruguaya en este plano, tanto en la organización como en la concurrencia a los mismos. Por ejemplo, pese a la diferencia poblacional, se reflejaba igual o superior concurrencia de público en los partidos internacionales con clubes europeos o entre combinados uruguayos y argentinos en Montevideo que en el “gran” Buenos Aires; se construye para la disputa de la Primera Copa América de 1917 el Parque Pereyra, una de los primeros estadios de fútbol de América Latina, asistiendo a la final Uruguay vs. Argentina alrededor de 40.000 personas y se realiza en el tiempo record de seis meses el “Stadium Centenario” para el Mundial de 1930, primer escenario exclusivo de fútbol a nivel mundial, que alberga 70.000 espectadores en la final, nuevamente Uruguay vs. Argentina. Estadios y concurrencias record para América Latina, incluso, proporcionalmente competitivas con la realidad profesional inglesa de esas épocas, pautas d el arraigo militantemente pasional del fútbol en la población oriental.

Concluimos: todo uruguayo o uruguaya, niño, joven, adulto o viejo es un hincha. Cada club tiene su “mascota”, su “crack”, su “madrina” o su “abuelita”. “Hincha” es una definición, una vocación, un sentimiento, aportado al acervo futbolístico mundial, por una realidad como la uruguaya, que además creó, mantiene y mantendrá, “for ever”, la quintaesencia del romanticismo quijotesco de la adhesión a un club, un sentimiento exclusivo y definitorio de la esencia del fútbol y del verdadero “fair play”, el que palpita con el desinterés y la poesía esperanza de la emoción: “el hincha de cuadro chico”.

Como en ningún otro lugar del mundo, en Uruguay, el fútbol fue “sport” o sea fuera de puerto. Pese a los esfuerzos institucionales, al apoyo y difusión permanente, a la propia organización del fútbol del interior del país, en los primeros 100 años de su historia, el fútbol uruguayo estuvo ligado al puerto: fue esencialmente montevideano, es decir capitalino. Como ya dijimos, fundada en 1900 al AUF, recién en 1999, la Copa Uruguaya se disputa a nivel nacional, participando en dicho campeonato clubes del inerior del país. Además si bien en todos los países futbolísticamente hablando existe una real tendencia a la bipolaridad pasional, -recordemos a los griegos oscilando entre lo apolíneo y lo dionisiaco-, en Uruguay, esta bipolaridad casi como que precedió a la propia organización del fútbol.

El arraigo popular del club inglés del ferrocarril, el Central Uruguay Cricket Club, localizado en el pueblo de Peñarol, en tanto el carácter de obrero de sus jugadores, despierta una lógica atracción en los sectores proletarios y populares del pueblo Peñarol y del propio Montevideo. Esta “popularización” de una institución de neto corte inglés, es decir “foráneo” sirve de impulso instigador a la formación de una entidad social y culturalmente criolla, de raigambre universitaria, intelectual, definidamente nacionalista. Las fechas lo registran: 1891 surge el Albion y el CURCC, quienes compiten entre sí. En 1899, con los colores de Artigas, se funda Nacional. Nace, antes que la “Uruguay Association League” una bipolaridad que disputa no sólo cada partido “clásico” para el cual no existe el carácter “amistoso”, los torneos oficiales nacionales o internacionales, sino incluso el “decanato”, una especie de reedición de aquello tan castizo: “quien fue primero el huevo o la gallina?” . Por suerte el partido al dilucidarse por goles, convertidos y validados, por más que se recuse intermitente al árbitro según su incidencia real o ficticia en el resultado, tiene una definición deportiva, lo del decanato no lo resuelve ni la Corte Internacional de La Haya, no en balde en Uruguay se inventó y creó el hincha.

Ya están los “grandes” en la lid. Como se dijo antes, con el desarrollo biunívoco del país y del fútbol, comienzan a surgir clubes, que automáticamente son”chicos”, aunque los bohemios del Montevideo Wanderers, como el rojo Dublín, fulgurante llamarada, y el aduanero y “canillita” (niño vendedor de periódicos) River Plate, democraticen el fútbol uruguayo tanto en el plano directriz como deportivo, como todos los que vinieron y vienen después son “chicos”.

En su desarrollo histórico los “grandes” asentaron institucional y deportivamente sus credenciales, institucional y deportivamente tanto nacional como internacionalmente son grandes. Record inigualado el de Nacional, pionero en las giras a Europa, en 1925, en un mismo día disputó tres partidos y ganó los tres. Uno aquí en Montevideo, y subdividiendo a su delegación dos en el viejo continente. Peñarol primer Campeón de la Libertadores de América y primer club sudamericano en ganar “la Intercontinental”. En la sede de ambos se atesoran trofeos y copas conquistadas prácticamente en todos los confines del mundo futbolístico, Copas Uruguayas en propiedad, quinquenios, Teresas Herreras, Libertadores, Copa Toyota, etc. Jugadores tanto uruguayos como extranjeros hicieron brillar los colores tricolores o aurinegros en los estadios más cercanos o más remotos. Sus hinchas, “la mitad mas uno” del Uruguay conocen la felicidad.

El hincha del cuadro “chico” tiene su corazón como bandera, flameando en la esperanza del futuro. A diferencia del resto del mundo futbolístico, no tiene una ciudad, una región o un sector de una macro-ciudad, para enfrentar, camuflar o disimular la desazón de la derrota, es huérfano del consuelo de la multitud. Como la vieja guardia del cabo Napoleón, resiste en la colina de Waterloo, fiel hasta la muerte a su enseña y a su historia. En el barrio, en la fábrica, en la escuela, liceo, oficina o Universidad, resiste individual y persistentemente.

Como contrapartida, por eso decíamos que es la esencia del hincha, el día de su triunfo, -hondazo de David en la frente sorprendida de Goliat-, es ganarle a un grande. Su objetivo existencial es mantener la categoría, el no descender. . y el objetivo a perseguir en cada torneo es tener la mejor puntuación detrás de los grandes, ser “campeón de los chicos”. Siempre soñando y alentando la esperanza de ser Campeón Uruguayo. Un “chico” campeón uruguayo, demás está decir lo que significa este campeonar. Significa ser doblemente campeón, aunque la alegría compartida no la exprese una ciudad, una región o un sector de una macro-ciudad, sino unos pocos-muchos hinchas, verdaderamente hinchas.
Esbozadas ya las peculiaridades del fútbol en Uruguay, las características generales y a la vez específicas e identificatorias, tanto de sus clubes, dirigentes, jugadores e hinchas, pasemos a detallar los aspectos fundamentales de los 105 años de existencia de la Asociación Uruguaya de Fútbol, una Asociación que a tres décadas de su aparición institucional pasa de organizar una Copa Uruguaya con los cuatro clubes pioneros a organizar la disputa de la Primera Copa del Mundo, proponiendo y creando en el ínterin a la Confederación Sudamericana de Fútbol, organizando la Primera Copa América y difundiendo el fútbol a nivel tal que, consigue en este período en forma consecutiva los títulos internacionales más relevantes, con una jerarquía y brillantez que le han dado un primordial lugar en la historia del fútbol sudamericano y mundial.

ASOCIACION URUGUAYA DE FUTBOL:
Es fundada con el nombre “The Uruguay Association Football League” por los clubes: Albion Football Club, Central Uruguay Cricket Club, Deustcher Fussball Klub y Uruguay Athletic Club, el 30 de Marzo de 1900. Surge a propuesta de Enrique Cándido Lichtemberger, uno de los principales dirigentes del Albion F.C., entusiasta del fútbol y cruzado vocacional en cuanto se refiere a su difusión como práctica deportiva. El modelo a reproducir es el de la Football Association, cuya reglamentación y disposiciones se transcriben como señal de jerarquía institucional: códigos, reglamentos, normas de procedimiento, son genuinamente inglesas, manteniéndose incluso el idioma inglés como elemento paradigmático. Su primer Presidente fue Mr. P.D. Chater del C.U.R.C.C.

Funcionaba la League, en las oficinas de la empresa de seguros “El Siglo”, calle Solís Nº 15, prácticamente en el Puerto, en la cual el Sr. Lichtemberguer era principal accionista, desde donde se inicia, como ya hemos visto el proceso de crecimiento del fútbol en Uruguay, con su característica distintiva: junto con la actividad local el desarrollo de la actividad internacional. Se organizan las primeras Copas Uruguayas y los encuentros con representativos argentinos. En tanto deportivamente inferiores, el procurar la realización de estos partidos era tarea de las oficinas de Solís al Nº 15. Junto con la coronación de los primeros campeones locales, se realizan los primeros “internacionales” y a través de la Asociación Argentina se consigue la afiliación a la Football Association, prácticamente en la misma fecha en que en Europa se constituye la FIFA, usufructuando la política inglesa de considerar dependiente, dirigir y ordenar todo lo que a fútbol se refería.

Los sucesivos cambios de denominación y de sede de la “League” van marcando por un lado su crecimiento, su progresiva “nacionalización” como ya hemos visto, como también el mayor peso y repercusión en la actividad nacional y en el ser uruguayo del fútbol como pasión en todos los niveles de participación ciudadana, dirigente-jugador-hincha, en dimensión renacentista. Todavía se podía incursionar al unísono en los tres niveles de actividad, incluyendo además el de árbitro o “linesmen” tanto en partidos nacionales como internacionales.

Así en 1905, con la Presidencia de don Félix Ortiz de Taranco, pasa a denominarse Liga Uruguaya de Football, en 1915 siendo Presidente el Dr. Juan Blengio Roca cambia a Asociación Uruguaya de Football, que se mantiene hasta la instauración del régimen profesional, el 6 de abril de 1932, cuando se crea la Liga Uruguaya de Football Profesional, con el Dr. Mario Ponce de León como su Presidente. Retoma el anterior nombre de Asociación Uruguaya de Football un 30 de junio de 1936 siendo Presidente el Dr. Raúl Jude, completándose la castellanización total del término “football”, llegándose a su actual denominación: Asociación Uruguaya de Fútbol, en 1970, actuando como Presidente Don Américo Gil.

En cuanto a sus locales, pasó de Solís Nº 15, a 18 de julio 350, luego sucesivamente, a Sarandí Nº 179, a Zabala Nº 61 y Paysandú Nº 122, siempre dentro de los límites de la Ciudad Vieja, quizás para mantener firmes los vínculos con ese “aire del puerto cuando anuncia el temporal”, asumiendo posteriormente el dolor del crecimiento para salir fuera del “ejido” de la fortaleza de San Felipe y Santiago de Montevideo, y recalar en la Avenida 18 de Julio primero en el Nº 1484 y luego ya con adquisición de local y predio, siendo bicampeones olímpicos y afrontando las tareas de organización y puesta en marcha del primer mundial, en 18 de julio 1520 al 28. Precisamente, el pórtico de granito del viejo edificio, mantenido en su lugar cual arco de triunfo del fútbol uruguayo recuerda a los caminantes que por él pasó, para quedarse, la primera copa del mundo.

Estos sucesivos cambios de nombres o domicilios, reiteramos, no son casuales, van reflejando por el contrario los continuos cambios de crecimiento y desarrollo tanto institucional como deportivo, que jalonan nítidamente el devenir de la “AUF”.

En 1905, ya Nacional había sido el campeón en 1902 y 1903, en este último año, representando a la League ganó en Buenos Aires ante el combinado argentino, obteniendo el primer triunfo internacional del fútbol uruguayo; se habían incorporado el Triunfo Football Club y el Montevideo Wanderers Football Club. Para la “season” de este año, 1905, se producen las primeras bajas: desaparecen el fundador Uruguay Athletic y el Triunfo. Por contrapartida, en el inicio de este 1905 se encomienda a la “Convención” el estudio de una nueva reglamentación que implica, desde la castellanización del nombre, el extender la actividad deportiva creando la Tercera División, sentando las bases de la División Menores, las que se agregan a la Primera y Segunda División ya existentes. La realidad del crecimiento deportivo e institucional, con sus luces y sombras, signa violentamente esta etapa: transcribimos del acta de la vigésimo primera sesión de la Liga, el 14 de abril de 1905:
“….Se trata una solicitud del Lavalleja A.C. sobre inscripción de su segundo cuadro en Tercera División. Se resuelve no admitirla por haber sido presentada vencido el plazo reglamentario.
Se lee una nota del Sport Club Teutonia (antes D.F.K Alemán) dando cuenta del cambio de nombre de su club.

La inscripción definitiva de los Clubs queda pues en la siguiente forma: “Copa de Honor” Coussinier – (Uruguayos) Club Nacional de Football – C.U.R.Cricket Club (Peñarol) – Montevideo Wanderers F.C. – Sport Club Teutonia y Albion F.C. (argentinos) Alumni – Belgrano - Barracas – Estudiantes – Quilmes – Reformer (Campana) y Rosario Central
1ª División: Nacional – Peñarol – Wanderers – Teutonia – Albion
2ª División: Nacional – Peñarol – Wanderers – Teutonia – Albion – River Plate – Lavalleja – Intrépido
3ª División: Nacional – Peñarol – Teutonia – Albion – Intrépido – River Plate. “
Del acta de la segunda reunión de la Liga, el 24 de Abril de 1905, con la Presidencia del Sr. Félix Ortiz de Taranco, elegido en la sesión inmediata anterior:
“… Venida del “Nottingham”. La correspondencia del Sr. Williams, secretario de la Liga Argentina, tiene por objeto en su totalidad, el arreglar las condiciones entre la Liga Argentina y Uruguaya para la venida a Montevideo del cuadro inglés del Club “Nottingham” en su próximo viaje al Río de la Plata.

En síntesis, clubes que desaparecen junto con clubes que irrumpen en la actividad deportiva y social. Se esfuman el Uruguay Atlhetic y el Triunfo, las camisetas verde marrones del Uruguay no se verán mas por Punta Carretas y la blanca de Capurro, se perderá en un último dribbling esperando el relevo. Otras instituciones, anuncian su debilitamiento ya sea por su intransigencia a la renovación y al cambio, o ya por la disminución creciente de su raigambre social, en tanto representaciones de colectividades que vertiginosa y progresivamente se integran a la realidad uruguaya. Así irrumpen, por más que conserven en algunos casos nombres extranjeros, clubes e instituciones que irrumpen en la sociedad y en el fútbol, buscando su lugar en la Liga, que pelean por ingresar en la “Primera División”, democratizando en esta lucha todo el fútbol uruguayo, al lograr, con la conquista del ascenso y el descenso, entrar en la división de privilegio, la 1ª Categoría, sin la necesidad de dar “garantías” sociales y deportivas a los clubes que integrándola, intentaban mantener en exclusividad su condición privilegiada. Ya River Plate, Dublín, Lavalleja, Intrépido, French y Reformer anuncian la eclosión socio cultural y deportiva del fútbol uruguayo, la creación de una escuela futbolística que madura en 1912, conquista América y es la base de la generación olímpica de los años 20, que alcanza su apogeo en Julio de 1930.



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